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domingo 15 septiembre 2019
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COPA AMÉRICA: EL PLAN DE SCALONI PARA QUE MESSI BRILLE TAMBIÉN EN LA SELECCIÓN

Una frase repiquetea en los oídos de los futbolistas de la selección. «Cuando Leo está cerca tuyo, alejate, dale opciones; y cuando Leo está cerca del área, devolvésela, porque él es el único que se puede sacar un hombre de encima y definir la jugada». Se las dice una y otra vez Lionel Scaloni. Una y otra vez, como un mandamiento. Es un resumen didáctico. Es la síntesis estratégica de cómo piensa el cuerpo técnico del seleccionado aceitar el funcionamiento alrededor del capitán. Cómo conseguir, finalmente, que Lionel Messi también sea magistral enfundado de celeste y blanco.

Todo el mundo sabe quién es Messi. Cómo juega y qué es capaz de hacer el crack dependerá del ecosistema y sus engranajes. Podrá salvar a la Argentina una o dos veces, más no. Todo un torneo, menos. El cuerpo técnico asumió con el recambio un desafío exprés: que estos jugadores comprendan qué le conviene a Messi en pocos trazos, algo que otros compañeros, tiempo atrás, no consiguieron ni con varias horas de clases. Desde Carlos Tevez, ‘Lucho’ González o Pastore, pasando entre otros por Jonás Gutiérrez, Dátolo, Bolatti, ‘Ricky’ Álvarez, D’Alessandro, José Sosa, Salvio, Montillo, Rodrigo Palacio, Nicolás Gaitán, Pavón, Lamela o Dybala… Sí, Verón, Banega, Riquelme o Gago, que ya no están, y definitivamente Agüero y Di María, los que mejor han logrado decodificarlo según la propia confesión de los muchos entrenadores que pasaron en la última década por la selección.

Scaloni no quiere que nadie descanse en la tranquilidad de contar con el crack. Que ninguno se confíe en que el rosarino resolverá el partido…, aunque todos sepan que en ocasiones es capaz de hacerlo. «El Barcelona fue bueno no solo por Messi, sino porque había muchos otros que lo hacían mejor a él. Y él, era el diferente. Por eso debe ser importante el protagonismo de los más jóvenes. Si él conduce, los demás deben ofrecerse como opciones; si él desciende, el que ocupa ese lugar debe correrse a otra zona del campo. Si eso ocurre, es porque el equipo tiene una estructura. Si estás en la selección, es porque hiciste muchas cosas bien en tu club. Por eso te llamaron y la selección te pide eso, que le muestres la mejor versión que entregás en tu club», le confió a LA NACION un integrante del cuerpo técnico nacional.

Ofrecer una opción de pase, descargar y salir, esa sería la secuencia. Lo que interpretó Giovani Lo Celso en el primer tiempo de la goleada sobre Nicaragua, por ejemplo. Que nadie se superponga, y esa, otra vez, es la explicación para la suplencia de Dybala (o su aparición cuando deja el campo el N°10). Ni amontonarse alrededor de Messi, ni ser un espectador hipnotizado ni desentenderse del desenlace de la maniobra. Y creer en lo imposible, hasta trazar líneas de pase ‘improbables’, porque Messi las puede alumbrar.

Messi necesita cómplices alrededor. Talentosos, naturalmente; generosos, también. Y decididos, desafiantes. No admiradores. La selfie y el autógrafo están muy bien, pero en la concentración, no en la cancha. Y en este aspecto viene insistiendo desde hace tiempo el cuerpo técnico. En realidad, a partir de marzo, cuando Messi decidió volver a la selección tras el derrumbe en la Copa del Mundo de Rusia. Que los nuevos jugadores, mucho de ellos jóvenes y con muy poca experiencia en la selección, no se empequeñezcan ante la reverencia. Que descuelguen el póster de la pared.

«¿Está Lionel? Perfecto, aprovechémoslo para que nos haga mejores. Pero ayudémoslo», subrayan desde la intimidad de la selección, que anoche se alojó en Salvador, donde debutará frente a Colombia, el próximo sábado. Scaloni y sus colaboradores se propusieron romper el hielo para tender puentes entre Messi y los Paredes, Gio Lo Celso, Lautaro Martínez, Foyth o De Paul. En algunos casos, había ajustes pendientes desde el Mundial de Rusia. ¿Qué tareas ha hecho el cuerpo técnico? Varias. Algunos gestos simbólicos, como la mesa larga y única en las comidas; nunca más sillas exclusivas. Con diálogo, con muchas charlas invitándolos a que le ‘falten el respeto’ a Messi, que traducido es que se atrevan a tratarlo en el día a día como a uno más. Como enseguida se ocupó de demostrarlo Rodrigo De Paul; el exvolante de Racing es el atrevido y humorista del grupo, capaz de bromear con Messi casi desde que lo conoció. Y todavía ni compartieron un minuto en la cancha, porque De Paul no ingresó en el amistoso con Venezuela, y el viernes pasado, cuando lo hizo, Messi ya había dejado la cancha.

Para animarse a jugar con Messi, primero hay que animarse a convivir con él. Romper protocolos, ceremonial y hasta miedos. «Hoy no somos potencia, pero al menos volvamos a ser competitivos. ¿Cómo? Con carácter, eso no puede faltar. Es nuestra histórica identidad. Eso, el grupo, lo tiene que tener muy vivo», cuenta un hombre del cuerpo técnico. Personalidad, también, para jugar junto con Messi. Para en algunas ocasiones resolver una jugada sin sentirse obligado a pasar por la aduana del capitán. Sin temor a recibir un rezongo.

El grupo ha sido en los últimos años una referencia reiterada alrededor de la selección argentina. Desde el ‘club de amigos’ hasta la ‘mesa chica’ y sus derivados. Fue real. Muchos jugadores ocuparon lugares que no les pertenecían. Por culpas propias, por entrenadores condescendientes, por dirigentes disfrazados de hinchas. Para que esta dinámica funcione, la otra pieza clave es él, sí Messi. Tantas veces ausente, distante. A nadie le sirve que se encierre en su habitación, como ocurrió entre el debut con Islandia y el segundo partido frente a Croacia, en el último Mundial. Es el líder. Es muy difícil relacionarse, saber cómo tratarlo cuando actúa así. Si les costaba a sus amigos de siempre que ya no están, para los novatos que empiezan a conocerlo sería directamente imposible.

El cuerpo técnico también conversó con él, mucho. Quizá, desde otro lugar, desde la cercanía generacional, con los ‘benditos’ códigos de los futbolistas y aprovechando que hasta fueron compañeros en la selección no hace tanto. Sí, Messi jugó en la Argentina con Scaloni y con todos sus colaboradores, con Samuel, Ayala y Pablo Aimar.

Además de tratarlo frente a los demás como a uno más -siempre será Messi, tampoco valen las ingenuidades aquí-, lo alentaron a que se aproxime a los jóvenes, se interese por ellos, los sorprenda con preguntas que a más de uno descolocó. No se lo esperaban del crack, y cada vez que sucedió, naturalmente la relación ya fue otra. Más terrenal, más real. En el cuerpo técnico advirtieron predisposición y alineamiento. Por ejemplo, mientras el ‘Kun’ Agüero estuvo lejos de la selección, el capitán nunca alzó la voz por su amigo. Messi está obsesionado con un título y dejarse ayudar puede ser una buena estrategia.




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