LA PELOTA DEL MUNDIAL

Con el paso de los años, los balones oficiales de los mundiales de fútbol han ido cambiando gracias a las innovaciones tecnológicas. Así, se definen aspectos como la velocidad, la impermeabilidad, la precisión o el diseño. La cita de 1970 en México supuso un punto de inflexión y, haciendo un homenaje a su pelota, el Telstar 18 ha sido el elegido para Rusia.
El cuero es una reinterpretación del que se utilizó en los mundiales de México (1970) y Alemania (1974), adaptado a los nuevos tiempos. De él también coge su nombre, que se ha convertido en un sinónimo de revolución. Y es que, casi cincuenta años después, el balón original sigue manteniendo su reflejo en las versiones más modernas.
Al margen de la imagen, el Telstar 18 comparte una estructura similar al Brazuca, la pelota utilizada en 2014 en Brasil. Así, en lugar de utilizar los clásicos 32 paños para su creación, se limita a emplear seis paneles que ya no aparecen cosidos, sino adheridos gracias a un proceso que emplea temperaturas altas. De esta forma, el balón es mucho más liso y se acerca a la circunferencia perfecta.

Además, la superficie está texturizada en 3D para mejorar el control y la adherencia y presenta elementos sostenibles, como un embalaje reciclable. Entre las novedades, también se incluye un chip NFC, un sistema de comunicación de corto alcance que permitirá a los espectadores, a través de su smartphone, interactuar con el balón y con otras personas alrededor del mundo que también utilicen esta tecnología.

Cada Mundial ha tenido su balón oficial, en ocasiones, muy parecido a su homólogo en la cita anterior. Sin embargo, todos han tenido algo que los distinguía. Su fisonomía, su diseño y los materiales que se han empleado en su fabricación han variado mucho a lo largo del tiempo. En los años anteriores a que estos eventos se mostraran en televisión eran de cuero, duros, con costuras, muy parecidos a los que se utilizaban en el vóley. Pero cada uno tenía sus particularidades.

Los píxeles del nuevo Telstar 18 representan el mundo digital.
Así, durante los primeros mundiales, los balones incluían una vejiga en su interior. Lo hacían el T-Model, que se utilizó en Uruguay en 1930, y el Federale 102, en Italia 1934; ambos de cuero y con gajos rectangulares. Hasta que, cuatro años después, en Francia, esta vejiga fue sustituida por una válvula de aire que facilitaba su inflado. En 1962, por ejemplo, en el Mundial de Chile, se apostó por aumentar el número de gajos hasta llegar a los 18, para conseguir una forma esférica regular. Y, en 1970, el Telstar marcó un antes y un después en la historia del balón.




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