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domingo 15 septiembre 2019
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“LO QUE NO SE DICE SE MALDICE” POR LA LEY DE ADICCIÓN

Hay que tener metas. Tener objetivos en la vida. Soñar con una vida linda, feliz y alegre. Para no caer en conductas y hábitos enfermos hay que enfocarse en lo que uno ama y le gusta. Imaginen una vida bien copada y vayan por ella. Soñarla, visualizarla en la mente y en el corazón. Una y otra vez. Abrácense a su gran pasión. Dándole forma en la almohada. ¿Qué quieren ser? ¿Músicos? ¿Ingenieros? ¿Vos Psicóloga? ¿Aquel Futbolista? ¿La niña Modelo? ¿Diseñadora? ¿Empresaria? El futuro no lo van a crear con lo que vayan a hacer dentro de cinco años. Sino que es el resultado de lo que vayan a hacer hoy con la mira en esa “imagen de oro”. Así que si quieren sentirse bien hay que ir plantando semillas todos los días, con el deseo de ir cumpliendo sus sueños. Tengan metas. Sin metas propias estamos sonados. Y si no las logran deben hablar de por que no las cumplen. ¡Háganse entender!

Yo en la escuela no encajaba en ningún lado. No prestaba atención. Estaba serio, con cara de preocupado. Me peleaba con los compañeros y con las maestras. Era odioso. No me interesaba nada. No me ayudaban porque tampoco hablaba de lo que me pasaba. La hora en el aula no se me pasaba nunca. Solo escuchaba mis pensamientos internos. Me sentía mal porque no encontraba mi lugar en el mundo. No tenia pasiones ni hobbies. Deje de hacer deportes y de hablar con mis papas y con la maestra. Me cerré afectivamente. No me abría ni demostraba lo que me sucedía. Nadie me entendía. ¿Cómo me iban a entender si no hablaba de mis pensamientos ni de mis sentimientos? Tomé muy malas decisiones. Empecé a fumar, a tomar alcohol, y finalmente a drogarme. Y eso mata a tus seres queridos y te mata a vos. Y a fuego lento. Hablen chicos de sus problemas porque sino van a hablar sus cuerpos. Por algún lado nos “explota”.

Pensaba todo el dia en hacer tonterías. Ir a los jueguitos, fumar, tomar, viajar. Mi papa tenía plata y me daba. Y yo la gastaba con mis amigos en “porquerías”. En nuestros campamentos, viajes, recitales, o actividades siempre nos intoxicábamos. Era “amiguero” para que me tengan afecto los muchachos nomás. No hablaba de por que estaba nervioso o desinteresado con todo. Tartamudeaba mucho. Era susceptible y me atacaba siempre la ira y la violencia. No es que no hablaba. Hablar hablaba. No hablaba en serio. De mis frustraciones. Hacía chistes y decía “giladas” todo el tiempo. Era un carismático de bar. Un borracho de pizzería. No hablaba de que mi mente estaba enferma y se obsesionaba con diálogos secretos y oscuros. No vivía la vida real sino que estaba inventando mundos en mi cabeza todo el tiempo. Y no los podía detener. Me empezó a zumbar el oído. Me dolía la garganta. Rinitis crónica. Estaba siempre ansioso…

Yo no me comunicaba ni me hacia sentir. Los desayunos y las comidas en mi casa las pasaba en silencio. Yo no hablaba sino era en la película interna. Era horrible. Si querían hablar conmigo me desaparecía todo el dia. Llegaba a la noche de deambular en la calle. Aburrido y juntando colillas de cigarrillo en los cordones cunetas. Algunas monedas para las fichas de los “flipers”. Era un bajón no tener nada que hacer en toda la tarde. Y de mañana a escuchar mis “conversaciones privadas” mientras hablaba el profesor. Y aún no lo sabia. Pero no tener metas ni pasiones por nada me producían malestar y picazón en la piel. Tics nerviosos, urticaria, y hasta dificultades para respirar. Aceleración del pensamiento. Se me desordenaban “los muebles de la cabeza”. Y luego me iba a convertir en un drogadicto empedernido para aliviar tantos malestares juntos. Y por quince años…

Hablar es saludable. Siempre hay algo que no están diciendo. Estoy seguro. El peso de no hablar y tratar sus problemas terminan desarrollando un desajuste y un desequilibrio terrible en nuestras vidas. Sean quienes gusten ser. Y si no pueden hablen y pidan consejos o sugerencias. Muchas veces estamos tan frustrados con nosotros mismos que lo intentamos aliviar con la ira o con chistes fáciles “agreteando” a los demás. Tratamos de “juguetear con la cabeza” haciendo divagaciones mentales, con excusas de porque abandonamos siempre los proyectos a mitad de camino. No nos hacemos cargo de nuestros problemas. Cada pensamiento negativo trae un resultado negativo. Busquen maneras para cumplir sus sueños. No busquen excusas “alegremente contadas” para zafar de “apuros”.

Hagan realidad sus sueños. Energícense. Persíganlos y hablen de la “montaña” que por ahí tienen enfrente, entre ustedes y su propósito en esta vida. Gástenlo al tema. Hasta que quede “así de chiquito”… Prohibido aislarse y esconder sus problemas. No sean “caretas” gurises. No se queden en el miedo y en la queja eterna. O esperando lo peor del futuro. Porque la más mala de las noticias es que siempre se puede estar peor. A menos que ya estén muertos…

Callar les traerá muchos pensamientos enfermos y pocos deseos de “hacer algo como la gente”. Para que se alivianen los pensamientos tenemos que tener deseos “gurises”. Hasta que esos pensamientos se adecuen a nuestros deseos. Pensar en lo que aman. No pensar en lo que odian. Hablen. Como decía un coordinador terapéutico de El Arte de Volver: “El que no habla pierde. Esto es igual a aquel juego de la infancia”. El que no habla de sus percepciones y pensamientos tóxicos puede llegar a drogarse o enfermarse en la cabeza y en el cuerpo. “Lo que no se dice se maldice”, y en el organismo. Hablen chicos de sus pensamientos y sus sentimientos enfermos. No se escondan como “El Lobo Feroz”. Es el mejor consejo que les puedo dar. Con quienes se sientan a gusto, no importa. Pero háganlo. Es para prevenirlos de males mayores. Mucho más vale prevenir que curar. Se los digo por experiencia personal…

FEDERICO MULLER (CONCORDIA 10 DE MAYO DE 2019).




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