Search
miércoles 17 julio 2019
  • :
  • :

MAXIMILIANO RICHEZE, EL “10” QUE ASISTE Y HACE GANAR A LOS COMPAÑEROS DE SU EQUIPO EN EL TOUR DE FRANCIA

El trabajo del pedalista nacional es clave en la estrategia para la tradicional prueba del ciclismo mundial.

El sábado, en Bruselas, 176 ciclistas largaron el Tour de Francia, la prueba emblemática de este deporte, la más importante de las tres grandes vueltas, que completan el Giro de Italia y la Vuelta a España.

Es uno de los diez acontecimientos deportivos más importantes del mundo, junto a los Juegos Olímpicos, el Mundial de fútbol, el Mundial de rugby, la Fórmula 1, el Super Bowl, la final de la Liga de Campeones, Wimbledon, las finales de la NBA y el Mundial de atletismo. El orden quedará para otra oportunidad…

Pero a diferencia de lo que sucede en la previa de varias de esas competencias, apenas 25 o 30 ciclistas sueñan con hacer el paseo triunfal por los Campos Elíseos de París con la tradicional malla amarilla e inscribir su nombre para siempre en los libros dorados de su deporte. Y, claro está, brindar con champán junto a sus compañeros de equipo.

Es que las carreras de ciclismo de más de un día como el Tour (dura tres semanas) están diagramadas para los pedalistas más completos. O, mejor, para aquellos que saquen diferencias en la montaña y en la contrarreloj. Y ciclistas de ese tipo en cada formación hay uno, o a lo sumo dos. No más.

Sus compañeros «corren» para él/ellos y son conocidos básicamente como «gregarios». Estos saben de antemano que, de no mediar nada extraño, deberán colaborar con su líder. Y atención con desobedecer alguna orden…

Para tomar un ejemplo, hay que detenerse en el equipo Deceuninck-Quick Step, que el martes pasado ganó la cuarta etapa del Tour a través del italiano Elia Viviani, uno de los mejores velocistas del mundo. El director de la formación belga eligió a sus ocho ciclistas con una particularidad: ninguno es un candidato firme para ganar la carrera, aunque el objetivo es sumar triunfos en las etapas.

El español Enric Mas es su mayor apuesta para la clasificación general y de hecho el año pasado fue segundo en la Vuelta. Pero está muy lejos del favoritismo del británico Geraint Thomas, el colombiano Egan Bernal o el danés Jakob Fuglsang, por ejemplo.

El francés Julian Alaphilippe es el más fuerte en la media montaña y es una apuesta para ganar etapas de ese tipo, de las que hay varias en el Tour. Después están el danés Kasper Asgreen y los belgas Dries Devenyns e Yves Lampaert (contrarrelojista), quienes son los «gregarios» del Deceuninck-Quick Step. Y por último, el también danés Michael Morkov, el argentino Maximiliano Richeze y Viviani, quienes integran el último «tren» para las etapas que se definen al sprint como la de Nancy.

Esto es que en el lanzamiento final, cuando restaban apenas 800 metros para la llegada, Alaphilippe -nada menos que el líder del Tour- se abrió y le dejó paso al trío de Morkov, Richeze y Viviani. El primero «tiró» unos 500 metros, se abrió y sólo quedaron los dos últimos. Y a falta de 150 metros nada más, fue Richeze el que le dejó el triunfo servido a su compañero.

¿Qué significa todo esto? Que Richeze ratificó su condición de mejor lanzador del mundo. Por algo a los 36 años, el nacido en Bella Vista es uno de los dos argentinos en el World Tour (la Fórmula 1 del ciclismo), junto al chubutense Eduardo Sepúlveda.

Haciendo una analogía con el fútbol, Richeze sería el «10» que asiste al «9 goleador» (en este caso Viviani) para que éste convierta el gol y salga en la tapa de todos los diarios.

Ni Viviani ni Richeze ganarán jamás el Tour, porque no tienen las condiciones para hacerlo. Ellos se suben a la bicicleta con otras obligaciones profesionales: el primero busca ganar etapas y el segundo busca hacer que el primero lo haga. Simple.

«Mi sueño era tener de lanzador a Maxi Richeze y el sábado lo voy a tener para una de las etapas más importantes de mi vida», había dicho Viviani, dueño de 74 triunfos como profesional, en la previa de la primera etapa del Tour.

No pudo ser en Bruselas, porque Viviani no confió en su tren de lanzamiento y prefirió, como casi siempre lo hace, «seguir la rueda» de un rival. Aprendió la lección: siguió a sus compañeros y apostó ciegamente por Richeze. La gloria se la llevó él. El reconocimiento, un argentino.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.