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miércoles 17 julio 2019
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MESSI SE PUEDE

El capitán se puso la cinta y, tras la frustrante derrota ante Colombia, ejerció el liderazgo que tantas veces se le reclamó: arengó a sus compañeros, respaldó al golpeado Saravia y bajó un mensaje optimista: “No podemos bajar los brazos”.

«No podemos bajemos los brazos ahora¡ ¡Vamos a ganarle a Paraguay que depende de nosotros!”. Lionel Messi se mostró como capitán. Con su impronta, pero lo hizo. La noche de la derrota frente a Colombia y el día después lo encontraron de la misma manera. Poniendo la cara. Intentando levantar al grupo, a un grupo joven, sin experiencia, que esta vez depende mucho más de él, de su liderazgo silencioso.

Fueron las horas posteriores a un debut que dejó un sabor frustrante, pero el 10 intentó contagiar tranquilidad. Arengó, a su estilo, en el vestuario. Habló en el entrenamiento. La siguió en alguna habitación del hotel. En el medio, también, se sacó fotos con los hinchas e hizo llorar a otra brasileña, pero sobre todo, transmitió optimismo. Y tanto puertas afuera, como puertas adentro, dejó su mensaje: “Ahora tenemos muchas ganas de ganarle a Paraguay”, remarcó el 10. Y marcó el espíritu que buscó imprimirle al plantel.

En la práctica de la mañana, Leo trabajó en el gym con la mayoría de los titulares y se lo vio convencido de que el grupo, el que él destaca por su unión y fuerza, sabrá sobrellevar esta situación. “Hay muchos chicos, pero es un plantel muy fuerte, muy unido. No tengo dudas de que vamos a salir. Estamos preparados para sacar esto adelante”, aseguró. Y no sólo para las cámaras. Adentro fue el encargado de empezar a levantar a la tropa. De machacar con el discurso que antes había pronunciado frente a los micrófonos.

Ese rol de líder que muchas veces tanto se le pide, porque no lo ejerce acaso con enjundia, y que él aclara que lleva a su modo (“Soy un capitán tranquilo, me gusta, pero me crié de otra manera”, explicó), apareció en estas horas de análisis que mezcló Salvador con BH, la ciudad donde hoy ya se entrenará el equipo y donde acuñó sus sueños mundialistas en 2014. Por eso Messi, entre otras cosas, pidió dar vuelta la página rápido. “Hay que cambiar el chip. Nos va a llevar tiempo aceptar esta derrota, pero esto nos tiene que durar un día. Ya hay que pensar en otra cosa, en ganarle a Paraguay”, subrayó en público pero también en privado.

Incluso, mostró esa faceta que el cuerpo técnico necesitaba. También jóvenes ellos y sin experiencia a la hora de asimilar estos golpes como conductores, el capitán les dio una mano para empezar a remotivar a la tropa o, más que nada, para evitar que se caigan. Vale un ejemplo: Saravia, que ayer cumplió 26 años, estaba más triste que alegre, lógicamente, porque sobre él cargó gran parte del peso de la derrota. Sin embargo, Leo lo levantó, con hechos además de con palabras: “No podía hacerse fuerte en la marca porque estaba amonestado. Y después, el lugar donde la clavó (Roger Martínez) fue impresionante”, les dijo a los medios pero también al flamante lateral del Porto en persona.

Al resto de sus compañeros también le transmitió optimismo. Insistió, casi siempre, en los mismos conceptos que había dicho tras el golpazo que les propinaron los colombianos: “No es la mejor manera de empezar, pero si nos quedamos con eso, y nos lamentamos, no vamos a llegar bien a un partido clave. Tenemos que estar tranquilos, yo lo estoy. Sólo hay que pensar en ganar”.

Si Argentina necesitaba un mensaje esperanzador de su mejor jugador, pues lo tuvo. De hecho, el 10 intentó escaparle a esa imagen de cabeza gacha que se vio en varias de las fotos que protagonzó en el estadio Fonte Nova. Y en la intimidad del grupo, fue el primero en levantar la bandera. “No hay tiempo para lamentarse”. Firmado: el capitán Lionel Andrés Messi.




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